lunes 23 de enero de 2012

DIÁLOGO INTERIOR



(Debe haber imágenes mejores que la de este sordo para expresar esto que me ocupa.)

* * *

Si olvidamos el diálogo interior, que a veces se vuelve monólogo, e impedimos que pueda avanzar, lo más normal es que nos demos un hermoso batacazo.

Hay muchas maneras de no perder el hilo.

Mientras el cuerpo nos pide carne, por ejemplo, una insensata consejera surgida por estas páginas nos cuenta de la importancia de sólo comer verduras. No debemos hacer ni caso de quienes nos interrumpen el diálogo con la maravilla. Sólo nos van a hacer daño.

Si nos ponemos a pensar, a sentir, qué nos apetece comer mañana, toda una serie de sensaciones emergen sin prisas. Es lo que nos pide el cuerpo. De esta información procede la salud de mañana. Nuestro cuerpo es mucho más sabio que todos los teóricos sabios que se aventuran a darnos consejos dietéticos. Tantas veces con cara de no tener ni idea.

Sepamos quitar del camino las distracciones, la broza, para llegar derechos hasta la tan necesaria esencia.

La vida anda abarrotada de insensatos que en cualquier momento irrumpen para destrozarnos la tranquilidad. Saber decirles que no es la primera lección para la supervivencia.

La sutileza del sonido contactado con nuestros adentros no siempre fluye fácilmente y a veces hay que esmerarse en lograr conectar. El exceso de ruidos desbarata a menudo estos misterios. Lograr crear el ambiente propicio es un triunfo necesario no siempre fácil.

Sepamos eliminar los obstáculos y una vez al acecho no tardaremos en notar la llegada de la buena conexión.