lunes 9 de enero de 2012

EL DÍA QUE DESPERTÉ LA SIESTA A PICASSO



Abajo estaba el Festival de Cannes, arriba en Notre Dame de Vie, en Mougins, en donde había acabado de trasladarse hacía muy poco, andaba Picasso. Estábamos en 1962.

Subí a la hora de la siesta, en pleno calor, mes de mayo, Costa Azul, y apareció el jardinero.


Monsieur n´est pas lá.


Los últimos veranos, desde 1958, Picasso exponía toda la obra del año en el Palacio de los Papas de Avignon. Nunca había menos de 365 cuadros, uno por día. y el resumen era curioso.


30 o 40 obras maestras como mucho. Hasta el centenar de obras banales, anodinas, y más de doscientas sólo eran basura pura. Bocetos, cosas muy tristes y a medias, sin terminar.


Cuando apareció el maestro, -qué pasa, qué son esos gritos,- el jardinero se retiró. Que el pesado ese no me deja verle.

Luego le enseñé la carta de recomendación de Luis Miguel y empezamos a charlar.

Llevo varios veranos viendo la obra que manda usted a Avignon, toda la del año, y hay grandes sorpresas.


¿Ah, sí?

Muy pocas obras maestras y demasiada basura.

Eso de basuras es relativo, serán para usted.

Y para usted más todavía, que de sobra sabe lo que es bueno y lo que es malo.

Digamos que no siempre se acierta. Hacer un buen cuadro no es fácil.

¿De cada diez sólo le sale uno bueno?

¿Tan pocos? Yo pensaba que alguno más habría.

Eso de Avignon no debería usted hacerlo. Quite los malos.

Nadie me había dicho esto que usted me dice.

Es que lo bueno es lo que vende y por lo que veo lo malo es lo que regala.

Supongamos que sea verdad.

Madrid anda lleno de regalitos que usted les hace a los que le visitan y casi todo son bocetillos de pocos segundos. Cosas indignas de usted. Por lo menos regale maravillas.

No sé si enfadarme o sacarle a hombros.

Es que cuando le da la gana pinta maravillas pero también sabe pintar basura.

Los hay que no se merecen nada mejor.

Eso es muy gracioso. Así que usted pinta basura para regalarla y maravillas para los compradores.

Sería un buen punto de vista.

Fué una tarde hermosa. El joven impertinente que yo era entonces le cayó bien al sabio del colmillo retorcido. Me dejó la sensación de que le entretuve la tarde. Al final me quiso regalar algún dibujo.

No, no, yo sólo quería charlar con usted. Muchas gracias. Ha sido una tarde inolvidable.

Abajo seguía el festival.

Buñuel traía ese añó "El Angel exterminador".

El premio se lo dieron a un brasileño. Que no era Glauber Rocha que también andaba por allí antes de morirse.


O pagador de promessas.


Cosas de la Costa Azul. Azul cielo, claro.