domingo 1 de enero de 2012

FELIZ AÑO NUEVO

Desde la Filarmónica de Viena, donde inicio todos los años, esta vez sin la irremplazable presencia de mi querida esposa Pilar, la vida continúa, advirtiendo ahora desde todavía más cerca que más allá nos espera la inmensa, infinita, eternidad.

Es una manera de llenar de energías el tiempo intacto que nos regala la vida.

Acudir al milagro de este concierto regenerador.

Esta vez han aparecido por allí arriba en lo alto los niños cantores de Viena y se han largado una genial y conocida polka de más llorar todavía, una fiesta, un placer. El colmo.

Si la cumbre de la educación y del rigor sigue siendo lo germano, más allá de Cervantes y de Shakespeare, lo lingüísticamente teutónico, ampliado hasta sus imponentes musicalidades vienesas. Evidentemente andamos alternando con las sonrientes cumbres del mejor y más amable talento de la humanidad.
Mi padre decía que le hubiera gustado ser el autor de "Noche de paz", pero esta manera de ser musical, con sus resultados inolvidables, nos devuelve unos modos de vivir ejemplares.

Tendremos que seguir, aunque sea hasta sin ganas, para dejar constancia, aunque sólo sea de nuestra abultada perplejidad.

Colocar la mirada desde el centro de la vieja Europa, allí donde se iniciara la cultura, el Danubio, Budapest, Praga, Colonia, Salzburgo, Viena.

Y tratar de que el nivel, ese nivel, perdure y se prolongue.

Lejos muy lejos de los lamentables rebajadores que nos circundan.

Entremos con buen pié y mejor mano en el tiempo que nos llega intacto.

Es hora de dejarle abarrotado de nuestras mejores logros.

Suerte y que así sea.