
Estaba en el concierto de año nuevo en Viena Julie Andrews, la mujer amada por Blake, y la han sacado por la tele, y en vista de lo cual he decidido ver "S.O.B" (Son of a Bitch), una curiosa comedia de Blake Edwards que a mí me encanta y que en su día hizo que le dieran el premio al peor director del año. Así son las cosas.
Blake se murió hace poco pero era muy familiar mío.
Edwards más allá de la comedia o del drama era un poeta. Cítrico, vitriólico. Muchas veces incomprendido. Que sus mejores obras nadie las entienda es cosa de ópticas.
Cuando se quedaba sin dinero hacía otra más de la Pantera Rosa, que fué uno de sus mayores éxitos comerciales, pero en cuanto se recuperaba volvía a intentar otra vuelta de tuerca aún más arriesgada.
Son muchas las películas geniales de Blake Edwards, incluídos sus guiones de los principios, cuando trabajaba con su amigo el también genial Richard Quine. Regáleme una nota mister Quine. Y se ponía a bailar.
Yo me quedaría con "Operation Petticoat", la del submarino pintado de rosa, primera entrada magistral por la puerta grande de la comedia. Divertidísima película.
Luego trajo un dramón al festival de San Sebastián, "Días de vino y rosas", que se quedó la segunda, Concha de Plata, es que los de Donosti son la pera, pero justo antes hizo "Desayuno con diamantes", la de "Moon River" de Henry Mancini, con la que le dimos en la revista Film Ideal el Premio a la mejor película del año, con mi apasionada contribución furibunda, en los tan duros tiempos en donde la comedia era ignorada por la intelectualidad cinematográfca, incluída la de la Escuela de Cine, y te suspendían por frívolo o te miraban por encima del hombro por decir que Howard Hawks era una maravilla cuando el bueno por entonces resultaba que era el pelmazo de Zavattini.
Visto desde ahora vaya panoramas más cerriles que nos chupamos nosotros de jóvenes, venga a romper moldes tan plúmbeos como insoportables. Y Franco no tenía la culpa de nada de esto.
Luego hizo "El guateque", "La pantera rosa", "10", "Victor o Victoria", "S.O.B", "Micky y Maud". Una buena ristra. Todas geniales.
Incluso en sus fallos garrafales, que los tuvo por arriesgar en todas direcciones, hasta por los caminos sin salida, cualquier obra firmada por Edwards siempre poseía las suficientes ráfagas de asombros.
Como nunca le dieron un Oscar luego lo quisieron arreglar dándole uno honorífico por toda su carrera. Sólo recuerdo de aquella gala que Edwards apareció en una silla de ruedas maldiciendo contra todo el mundo. Montando un número muy típico suyo, cuando sólo quería reirse.
En cuanto a "S.O.B", asombrosa película vista desde el día de hoy, es uno de sus guiones más libres, contradictorios, increíbles, basándose en la sucesión de situaciones absurdas que evidentemente en su día nadie entendió. Y ahora aún menos. Un sabio William Holden terminal y contenido, y una lanzada una vez más a la fama Julie Andrews, a la que siempre le faltaba un algo para ser la primera, tal vez que no era guapa, encabezan un reparto fastuoso en el que todo el mundo está perfecto. Desde el playback del arranque de la película, otra genialidad musical de Henry Mancini, en donde la Andrews no puede estar mejor, siempre rompiendo su imagen empalagosa de "Sonrisas y lágrimas", hasta el entrañable perro de la playa que cuida de su amo y al final hasta mueve el rabo porque ya tiene otra vez trabajo.
Una auténtica fiesta.
Cuando la vida decida no reirte ponte un Blake Edwards para darla en todos los morros.

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